sábado, 10 de enero de 2009

IRLANDA EN EL CORAZÓN

Haber nacido irlandés
Es haber nacido rico
No con plata y oro
En tus bolsillos
Sino con música en el corazón
Y alegría y amor en tu alma.

Todo vino rodado. Había leído “Las cenizas de Ángela” y me entraron unas ganas terribles de conocer Irlanda. Pero ¿a quién proponérselo? La revista ALTAIR fue receptiva a mi sugerencia. A Pepe Verdú y Josep Solà, redactor jefe y director artístico respectivamente de la mítica publicación no les pareció mala mi idea. Deseaban publicar un número dedicado a Irlanda y sólo tenían un reportaje de Dublín en condiciones pero, del resto de la isla, pocas fotos. De manera que coincidieron el gusto y las ganas. La mala noticia fue que, puesto que la aparición de ALTAIR estaba prevista para junio, me tocó fotografiar Irlanda en el mes de marzo, coincidiendo por expreso deseo de los editores con la celebración del día de San Patricio, el patrón irlandés.

Huelga decir que, justo saliendo del invierno, el clima fue infernal. Llovió todos los días y lo más difícil fue tanta aldea vacía. Me recuerdo esperando pacientemente cuanto hiciera falta para que una presencia humana diera un pequeño contrapunto a la soledad de las calles mojadas. A veces diez minutos. Otras veces media hora o más. Entonces aparecía alguien caminando… yo encuadraba… e indefectiblemente el peatón cambiaba de acera. Luego, cuando pasaba a mi lado, me saludaba con una sonrisa de oreja a oreja, feliz por no haberme estropeado la foto.Como buen mediterráneo me costaba disimular mi frustración cuando mis anfitriones en los Bed & Breakfast, si no llovía a cántaros, no nevaba, no hacía un viento de mil demonios o no granizaba, comentaban felices: “What’s a nice day!!” ¡Un día fantástico, si señor! Me decía a mi mismo encarándome a una buena colección de “Irish Breakfast” que ahora recuerdo memorables. Y, cuando me enfrentaba a los elementos, las cosas ya las veía diferentes.


Con semanas por delante no hay una sensación más agradable que fotografiar con mal tiempo. En una sola jornada el clima puede cambiar muchas veces en Irlanda y, después de una tormenta, puede quedar un cielo azul perfecto hasta que unas nubes, apenas visibles en el horizonte, vuelven a traer intensos chubascos que cambiarán en breves momentos el aspecto de todo. Cálidas chimeneas, acantilados que cortan la respiración, construcciones celtas, buena gente por doquier, música en directo y una naturaleza agreste es lo que viene a mi cabeza cuando rememoro uno de los viajes más entrañables de mi carrera.



1 comentario:

  1. Irlanda es una gozada de país. Con una gente de carácter mediterráneo y unas posibilidades de fotografiar (pese a lo manido de algunos temas) infinitas.
    Recuerdo que este fue el primer trabajo que te enseñé cuando nos conocimos en Córdoba. ¡Cuanto ha cambiado mi fotografía desde entonces! (para mejor, espero) y sin embargo cada vez que veo ese portfolio lo hago con mucho cariño por esa visión inocente e idealizada de la fotografía que tenía por aquel entonces.

    Un abrazo enorme, Tino.

    ResponderEliminar